jueves, 5 de diciembre de 2013

Fuente de energía

Lo que inicialmente parecía una llovizna se había convertido en una prepotente tormenta que azotaba mi techo sin ninguna consideración. La energía eléctrica parecía haberse cortado.

Todo había sucedido tan atropelladamente que me parecía increíble tener cualquier recuerdo coherente y secuencial: la ruta, la lluvia, el barro, mis ansias por llegar; un kilómetro más... Un día más. En apariencia uno como tantos otros, ignorando que contendría ese punto de inflexión, ese insalvable antes y después para entregarme a un eterno nunca más.

Y aún ahí, ya sintiendo ese bip electrónico al ritmo de mi corazón cumpliendo abnegado todavía con su
tarea cotidiana, ya sumergido en el olor y el rumor de la sala de cuidados intensivos, aún ahí podía yo evocar en mi nariz y en mi boca el sabor caliente y repentino del golpe en mi cara y en mi cráneo; todo mi cuerpo entregado inerme al aturdimiento que inescapablemente le tocaría soportar cuando salí disparado del asfalto, fuera de control y fuera de plan.
La resignación no lograba sucederle a la sensación de irrealidad: era yo quien estaba ahí.

La energía eléctrica parecía haberse cortado, si. Entreabrí los ojos para ver la ventana de mi habitación en penumbra y volví a dormirme al son del bip de la UPS.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Confinada

Yo era inicialmente libre, como mis ancestros lo eran. Hasta que llegaron ellos.

Pronto me acostumbré a mi enclaustramiento, ese cautiverio disfrazado de comodidad. Di por sentado el alimento, la protección, el aire, la luz... Ahora me es imposible romper estas cadenas de dependencia.

¿Y qué pasará cuando se olviden de mí? Ya no puedo valerme por mí misma. ¿Y qué será lo que pretenden a cambio de sus atenciones? Lo ignoro.

Sólo me queda disfrutar, mientras pueda, del sol que me baña mientras los contemplo, intrigada, desde mi maceta.

jueves, 16 de mayo de 2013

Caída controlada.



Mientras que nadar o volar es impulsarse a través de un fluido, nosotros, bichos terrestres, nos dejamos caer amortiguando el impacto contra el suelo con un pie completando Un Paso, para repetir el procedimiento una y otra vez, y así avanzar.

Cada día trae consigo algo desconocido; desde una palabra que incorporamos a nuestro vocabulario hasta una experiencia que nunca habíamos tenido: una nueva persona, una nueva canción, un nuevo recorrido de baldosas hasta nuestro hogar, un nuevo sabor en la comida.

Para llegar a nuestro destino (sea éste la vereda de en frente, la solución a un problema lógico, o simplemente el final del día) siempre hay alguna brecha a cubrir entre lo que ya conocemos y lo que no.
Y nos arriesgamos, y nos arrojamos; a veces con vértigo, a veces sin siquiera advertirlo porque ya tenemos asumido e internalizado el mecanismo: nuestra experiencia de vida consiste en una colección de desconocimientos que se nos hacen conocidos y que, a partir de ese momento, forman parte de nosotros mismos.

Aunque me de un poco de miedo, mientras esté viva, me animo y sigo cayendo hacia adelante.

jueves, 28 de febrero de 2013

Extranjero legal



Cada vez que escucho el Waltz Op 12, No 2 de Edvard Grieg pienso...

"El extranjero atraviesa su sala, hiperpoblada de muebles con olor a antiguo; como las paredes, sutilmente amarillentas, quizá por la iluminación, tan escasamente suficiente. Atraviesa también el vestíbulo y toma del perchero uno de sus sombreros oscuros.

El extranjero sale de su casa con un sobretodo formal, de color opaco; su vestimenta, pasada de moda va pulcramente ordenada. El sombrero sobre su cabeza y en su diestra el bastón, que apenas si roza la vereda de tanto en tanto.

El extranjero camina refinadamente por las calles con la caballerosidad, quizá también pasada de moda, que le es propia; con la gracia casi juvenil de su expresión respetuosa y quizá agradecida por esta tierra que lo adoptó como hijo, hace tantos años... por la que trabajó y le pertenece.



El extranjero llega al almacén y hace su pedido. Su castellano duro, su perfil centroeuropeo, su extraño vocabulario; a veces causa una sonrisa, de breve impertinencia, pero todos saben que no es ya un extranjero, que es una reliquia, muestra de esfuerzo y dignidad.

Agradece, saluda parcamente y, en silencio, llega hasta la puerta; la atraviesa y, cerrándola tras de sí, desaparece."

sábado, 24 de noviembre de 2012

Vienen

Lo que, tiempo antes, había sido nuestra morada era ahora una progresiva ruina con todas nuestras cosas, revueltas o saqueadas, esparcidas aquí y allá. Las paredes se veían sucias, el revoque carcomido, los tabiques derruidos; todo recuerdo pisoteado por el presente. Ya lo nuestro no era nuestro; ya nosotros mismos no nos éramos propios.

Sabíamos que en cualquier momento Ellos se presentarían, como tantas otras veces, reclamando lo que no les pertenecía. En ese momento sólo queríamos salvar a las niñas. Corrimos en desesperación entre las calles plagadas de residuos, todo a nuestro alrededor tiznado por el uso y el abuso.
Suplicamos a unos vecinos desconocidos para que nos permitieran esconderlas allí. Era arriesgado y ellos lo sabían, pero no había muchas opciones por lo que, por descolocada que pareciera la petición, resultaba ser la única salida posible.

Regresamos en el momento justo en el que Ellos llegaban a lo que aún llamábamos nuestro hogar; entraron con sus armas y sus linternas, con el aire autoritario que confiere el poder, dando latigazos de luz en la estancia en penumbra. Al menos habíamos logrado resguardar a las niñas. Al  menos. Por hoy.

lunes, 22 de octubre de 2012

Recuerdos


Cada vez que escucho la Arietta, OP. 12, NO1 de Edvard Grieg pienso en esto...

"Una mañana gris; estoy guardando todas estas fotos desvaídas; tantos momentos, tantos rostros, tantos hechos quedarán ahora guardados para siempre.

Quién tiene el tiempo hoy como para construir ningún recuerdo... La melancolía acusa la falencia; reclama algo para sumergirnos, ocasionalmente, en sus pegajosos brazos.


Así es que compré estas fotos: momentos que nunca viví, rostros que nunca me resultaron conocidos, hechos que nunca ocurrieron.

Ya no me puedo mentir; aunque la memoria se convence fácilmente con la insistencia y jamás me delataría ante mi melancolía... y si es que no puedo vivir sin ella, entonces ahora recordaré, nostálgicamente, que no tengo ningún recuerdo.


Si. Algún día esta mañana gris será un melancólico recuerdo."

miércoles, 10 de octubre de 2012

Testigo


Mi hermano y yo imaginábamos personajes y componíamos argumentos, prolongando los innúmeros minutos de cada día hasta que el atardecer los hacía parecer escasos.

Ese día en particular jugábamos juntos como tantas otras veces, escabulléndonos por los oscuros pasillos de piedra de las ruinas que visitábamos con mis padres en esa tarde gris, saltando los canales de agua verdosa y trepando a las toscas esculturas, venosas de hiedras.

Y allí aparecieron ellos, dos hombres con más aspecto de oficinistas que de matones; lo tomaron de los brazos, casi como jugando. El no opuso ninguna resistencia mientras, esquivando las mismas acequias que nosotros saltábamos, lo llevaron hasta un coche.

Mis padres, que contemplaban a pocos metros, permanecieron impasibles. Me alzaron en sus brazos y nos apartamos, casi al mismo tiempo que un par de hombres armados se agregaban a la escena, ya de más confusa para mí, y mientras los del coche neutralizaban a estos últimos mi padre agradecía al aire que se acabara la espera.


Mi hermano testificaría lo que había visto, y finalmente no precisaría ya de la custodia constante de esos hombres con aspecto de oficinistas.