domingo, 28 de septiembre de 2014

No quiero una casa limpia.

No quiero una casa limpia.
En todo caso, que sea una casa limpiada.

Limpiada después del barro seco en el piso que queda de tanto entrar y salir atendiendo a mi jardín.
Después de los restos de comida en la cocina por esos platos con los que experimento mezclando sabores, después de la olla de cocinar cebada que huele a lúpulo por la última cerveza que preparé.
Después del baño que huele al shampoo que usé para lavar mi pelo, después de la galería sembrada con arena y lombricompuesto de los cajones en los que sembré.
Después de la mesa de pool con los tacos apoyados del juego que todavía no pude terminar, después del escritorio con el vaso lleno de agua coloreada por acrílicos del dibujo que estoy haciendo, después del taller con aserrín y aguarrás en una lata porque todavía hay un pincel en remojo.
Después del dormitorio con alguna que otra ropa fuera de lugar porque subí corriendo a buscar mis jeans que tiene las rodillas sucias para seguir haciendo cosas.

Quiero una casa vivida, no impecable. Que tenga que limpiarla para que no esté sucia.
Pero no quiero una casa limpia.

jueves, 12 de junio de 2014

Mis lejanos pies.

Ayer mismo me encontré pensando "¡Qué lejos están los pies!".

Claro, llega el invierno y se me congelan. Pero lejos... ¿lejos de qué? Si son parte de mí ¿cómo pueden estar lejos? ¿Lejos del corazón que les envía sangre? ¿Lejos de mis manos para frotarlos y darles calor? ¿O lejos... de mí?
Y esto me hizo pensar, como tantas otras veces por tantos otros motivos ¿qué es exactamente lo que en esencia yo considero que es "yo"?

Más precisamente (y poco originalmente): ¿Qué hace que una persona sea esa persona?
Me inclino inevitablemente (inevitablemente positivista y materialista) por considerar que el "núcleo" de una persona es su cerebro.

Un río: agua tallándolo y fluyendo a través (Rio Lena, Siberia,)
Claro que, de la misma forma en que un río no es sólo su cauce y tampoco lo es sólo el agua que corre por él, no podemos considerar al cerebro simplemente como órgano, como carcasa, sino como el soporte activo y dinámico en el que se van imprimiendo las vivencias y aprendizaje que, en última (y primera!) instancia constituyen a una persona y que a la vez son las que la conducen a adquirir más vivencias y aprendizaje.
Una persona es, así, causa y consecuencia de sí misma, delimitada por su entorno y sus condiciones iniciales.


O quizá sólo sea el invierno y se me congelan los pies...



jueves, 5 de diciembre de 2013

Fuente de energía

Lo que inicialmente parecía una llovizna se había convertido en una prepotente tormenta que azotaba mi techo sin ninguna consideración. La energía eléctrica parecía haberse cortado.

Todo había sucedido tan atropelladamente que me parecía increíble tener cualquier recuerdo coherente y secuencial: la ruta, la lluvia, el barro, mis ansias por llegar; un kilómetro más... Un día más. En apariencia uno como tantos otros, ignorando que contendría ese punto de inflexión, ese insalvable antes y después para entregarme a un eterno nunca más.

Y aún ahí, ya sintiendo ese bip electrónico al ritmo de mi corazón cumpliendo abnegado todavía con su
tarea cotidiana, ya sumergido en el olor y el rumor de la sala de cuidados intensivos, aún ahí podía yo evocar en mi nariz y en mi boca el sabor caliente y repentino del golpe en mi cara y en mi cráneo; todo mi cuerpo entregado inerme al aturdimiento que inescapablemente le tocaría soportar cuando salí disparado del asfalto, fuera de control y fuera de plan.
La resignación no lograba sucederle a la sensación de irrealidad: era yo quien estaba ahí.

La energía eléctrica parecía haberse cortado, si. Entreabrí los ojos para ver la ventana de mi habitación en penumbra y volví a dormirme al son del bip de la UPS.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Confinada

Yo era inicialmente libre, como mis ancestros lo eran. Hasta que llegaron ellos.

Pronto me acostumbré a mi enclaustramiento, ese cautiverio disfrazado de comodidad. Di por sentado el alimento, la protección, el aire, la luz... Ahora me es imposible romper estas cadenas de dependencia.

¿Y qué pasará cuando se olviden de mí? Ya no puedo valerme por mí misma. ¿Y qué será lo que pretenden a cambio de sus atenciones? Lo ignoro.

Sólo me queda disfrutar, mientras pueda, del sol que me baña mientras los contemplo, intrigada, desde mi maceta.

jueves, 16 de mayo de 2013

Caída controlada.



Mientras que nadar o volar es impulsarse a través de un fluido, nosotros, bichos terrestres, nos dejamos caer amortiguando el impacto contra el suelo con un pie completando Un Paso, para repetir el procedimiento una y otra vez, y así avanzar.

Cada día trae consigo algo desconocido; desde una palabra que incorporamos a nuestro vocabulario hasta una experiencia que nunca habíamos tenido: una nueva persona, una nueva canción, un nuevo recorrido de baldosas hasta nuestro hogar, un nuevo sabor en la comida.

Para llegar a nuestro destino (sea éste la vereda de en frente, la solución a un problema lógico, o simplemente el final del día) siempre hay alguna brecha a cubrir entre lo que ya conocemos y lo que no.
Y nos arriesgamos, y nos arrojamos; a veces con vértigo, a veces sin siquiera advertirlo porque ya tenemos asumido e internalizado el mecanismo: nuestra experiencia de vida consiste en una colección de desconocimientos que se nos hacen conocidos y que, a partir de ese momento, forman parte de nosotros mismos.

Aunque me de un poco de miedo, mientras esté viva, me animo y sigo cayendo hacia adelante.

jueves, 28 de febrero de 2013

Extranjero legal



Cada vez que escucho el Waltz Op 12, No 2 de Edvard Grieg pienso...

"El extranjero atraviesa su sala, hiperpoblada de muebles con olor a antiguo; como las paredes, sutilmente amarillentas, quizá por la iluminación, tan escasamente suficiente. Atraviesa también el vestíbulo y toma del perchero uno de sus sombreros oscuros.

El extranjero sale de su casa con un sobretodo formal, de color opaco; su vestimenta, pasada de moda va pulcramente ordenada. El sombrero sobre su cabeza y en su diestra el bastón, que apenas si roza la vereda de tanto en tanto.

El extranjero camina refinadamente por las calles con la caballerosidad, quizá también pasada de moda, que le es propia; con la gracia casi juvenil de su expresión respetuosa y quizá agradecida por esta tierra que lo adoptó como hijo, hace tantos años... por la que trabajó y le pertenece.



El extranjero llega al almacén y hace su pedido. Su castellano duro, su perfil centroeuropeo, su extraño vocabulario; a veces causa una sonrisa, de breve impertinencia, pero todos saben que no es ya un extranjero, que es una reliquia, muestra de esfuerzo y dignidad.

Agradece, saluda parcamente y, en silencio, llega hasta la puerta; la atraviesa y, cerrándola tras de sí, desaparece."

sábado, 24 de noviembre de 2012

Vienen

Lo que, tiempo antes, había sido nuestra morada era ahora una progresiva ruina con todas nuestras cosas, revueltas o saqueadas, esparcidas aquí y allá. Las paredes se veían sucias, el revoque carcomido, los tabiques derruidos; todo recuerdo pisoteado por el presente. Ya lo nuestro no era nuestro; ya nosotros mismos no nos éramos propios.

Sabíamos que en cualquier momento Ellos se presentarían, como tantas otras veces, reclamando lo que no les pertenecía. En ese momento sólo queríamos salvar a las niñas. Corrimos en desesperación entre las calles plagadas de residuos, todo a nuestro alrededor tiznado por el uso y el abuso.
Suplicamos a unos vecinos desconocidos para que nos permitieran esconderlas allí. Era arriesgado y ellos lo sabían, pero no había muchas opciones por lo que, por descolocada que pareciera la petición, resultaba ser la única salida posible.

Regresamos en el momento justo en el que Ellos llegaban a lo que aún llamábamos nuestro hogar; entraron con sus armas y sus linternas, con el aire autoritario que confiere el poder, dando latigazos de luz en la estancia en penumbra. Al menos habíamos logrado resguardar a las niñas. Al  menos. Por hoy.